Aparentemente uno de los grandes desafíos al enfrentar el CC es la selección de las estrategias más eficientes y que a la larga mejoren las posibilidades de supervivencia “honorable” de nuestra especie.
A grandes rasgos las iniciativas se clasifican en dos grupos diferentes pero a la vez complementarios:
- Mitigar, que consiste en reducir la cantidad de gases de efecto invernadero que liberamos a la atmósfera, ya sea por quema de combustibles fósiles, deforestación, etc.
- Adaptar, que viene a ser la reducción de la vulnerabilidad actual y futura a los efectos perniciosos del CC.
Hasta ahora la mayor parte de las intervenciones a escala de gobierno y organismos internacionales se han concentrado en la reducción de emisiones. Lamentablemente, los mayores emisores per cápita parecen poco interesados en el tema y los mayores emisores emergentes como China e India están más preocupados en su propio desarrollo antes que poner restricciones. Al fin y al cabo, si los países ya desarrollados no asumen a cabalidad el compromiso, porqué debería asumirlos una economía (y una sociedad) que aspira salir del subdesarrollo. Podemos no estar de acuerdo con esta aproximación cínica al problema pero es la triste realidad.
A un lado del escenario quedan muchos otros países que no son grandes emisores o como diría Mafalda “su contaminación todavía no huele mal”. Y más atrás, casi como escenografía los paises pobres y los francamente quebrados como algunas naciones africanas. Y son precisamente estos países paupérrimos y casi exentos de recursos naturales los que sufrirán las peores consecuencias del CC. Es más ahora mismo las podrían estar sufriendo. Hambre, sequías, guerras raciales, religiosas y entre castas son apenas el preludio de lo que vendrá en las condiciones de crisis del resto del siglo.
Es aquí y ahora donde se requieren las intervenciones que debieran amenguar el impacto del CC cualquiera sea su magnitud proyectada. Deberíamos asegurar un mínimo de capacidades y alternativas disponilbles para los crecientes refugiados ambientales del planeta. Ignorarles porque están lejos, no hablan nuestro idioma, no consumen nuestros productos, no leen nuestros libros ni comparten nuestra cultura o ideología es sencillamente suicida.
Nos preocupa el CC pero hay un orden de prioridades evidente. Y es que aunque pudieramos congelar las emisiones seguirían existiendo poblaciones humanas vulnerables y que difícilmente podrán sobrellevarlo. Alternativamente, podemos invertir ahora en alimentación, salud y educación para mejorar sus condiciones de vida y su futura supervivencia.
Hay acaso una elección más evidente?
JC