En 1947 destacados científicos tuvieron la original idea de representar la amenaza de una hecatombe nuclear mediante un reloj que avanzaba hacia la medianoche. Mientras más alejado estuviera el minutero de las 12 el riesgo de una conflagración nuclear “final” era menor y viceversa.
El avance del reloj a cinco minutos para las doce refleja el creciente riesgo de conflictos nucleares que podrían poner fin a la vida humana sobre el planeta (o al menos hacerla bastante más miserable) y el impacto del cambio climático. Esta es la primera vez que se ha equiparado el potencial de devastación del CC con una guerra nuclear de escala mundial. A decir de los científicos involucrados este fue el factor decisivo en la decisión final.
El reloj se había mantenido en siete minutos para las doce desde Febrero del 2002, día en el cual el gobierno norteamericano anunció sus intenciones de abandonar su acuerdos de no proliferación nuclear como reacción a los eventos de Setiembre 11 del 2001.